Cuando sumar esfuerzos sí cambia las cosas
- arturolarena
- 17 dic 2025
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 24 dic 2025

Por Arturo Larena
Este texto hace un balance personal de la actividad desarrollada en 2025 por la Fundación Moeve, de cuyo Consejo Asesor formo parte. Lo escribo desde esa doble mirada que me acompaña desde hace años: la del periodismo ambiental y la de quien participa, desde dentro, en espacios de reflexión estratégica sobre cómo contribuir a una transición ecológica y social que sea real y justa.
Hay años que se recuerdan por los titulares. Y hay otros que se recuerdan por las personas. 2025 pertenece claramente a los segundos. No ha sido solo un ejercicio de proyectos, cifras o memorias de actividad, sino un año en el que la palabra compromiso ha tenido traducción concreta sobre el terreno: en barrios, en humedales, en bosques, en aulas y en comunidades golpeadas por la emergencia. Se trata de algo que en tiempos de ruido, polarización y prisas, no es poco. Porque si algo ha demostrado este año es que la transformación -esa palabra tan utilizada y tan vacia a veces- solo funciona cuando se construye desde lo colectivo. Cuando se suman voluntades, conocimientos y tiempo. Y cuando se entiende que la sostenibilidad no es una etiqueta, sino una práctica diaria.
Cuando la solidaridad no se apaga con el titular
La DANA que golpeó a finales de 2024 a la Comunidad Valenciana y a zonas de Castilla-La Mancha dejó un rastro de destrucción difícil de asimilar y una ola de solidaridad. Pero el verdadero termómetro del compromiso no se mide en las primeras horas de la emergencia, sino en lo que ocurre después, cuando las cámaras se van y los problemas permanecen.
Ahí es donde 2025 marcó la diferencia. El año estuvo atravesado por un trabajo constante de apoyo, acompañamiento y reconstrucción, que fue mucho más allá de la respuesta inmediata, nos recuerdan desde la Fundación. No solo con recursos económicos -una donación superior al millón de euros-, sino con presencia, tiempo y personas.
La implicación del voluntariado fue clave. Personas que se arremangaron, que dedicaron horas, que escucharon y acompañaron a quienes lo habían perdido casi todo. El Premio al Voluntariado Colectivo concedido por el Banco de Alimentos de Valencia fue el reconocimiento visible de una labor silenciosa, sostenida y profundamente humana. También lo fue la participación en la recuperación de infraestructuras esenciales, como el nuevo centro de mayores de Algemesí.
Ese mismo hilo solidario recorrió todo el año: talleres de empleabilidad para mujeres, apoyo a familias para mejorar la eficiencia energética de sus hogares, educación en ODS en colegios, acciones de voluntariado ambiental. Más de mil personas implicadas. Mil historias distintas con un mismo fondo: no mirar hacia otro lado cuando pasa lo difícil. Todo ello bajo la supervisión comprometida de Teresa Manueco, y el equipo de la Fundación.
Cuidar la biodiversidad es cuidar el futuro
En 2025 también quedó claro que hablar de transición ecológica sin biodiversidad es quedarse a medias. La conservación de humedales, el trabajo paciente para proteger especies tan amenazadas como la cerceta pardilla o el galápago europeo, o la restauración forestal en Doñana no generan grandes titulares diarios, pero son esenciales para sostener la vida.
La reforestación de 137 hectáreas afectadas por el incendio de 2017, con 55.000 nuevos árboles, forma parte de un esfuerzo mayor que ya supera los 500.000 ejemplares plantados y que apunta al millón en 2030. Es una carrera de fondo, no un sprint. Y así hay que entenderla.
Junto a estas acciones, la permanente sensibilización ambiental -visitas escolares, jornadas técnicas, voluntariado- hna completado ese trabajo menos visible pero imprescindible, porque sin conocimiento no hay protección duradera.
Innovar para que nadie se quede atrás
Otro aprendizaje del año es que la innovación social no es un lujo, sino una necesidad. Los proyectos que conectan sostenibilidad, inclusión y bienestar demuestran que no hay transición justa sin justicia social.
Los Premios Future for All, con más de 200 candidaturas, o el acompañamiento a iniciativas de economía circular y lucha contra la pobreza energética, muestran que hay talento y soluciones esperando apoyo. Lo mismo ocurre con proyectos urbanos como Ciudad Santa Cruz de Tenerife, donde pensar la ciudad desde lo humano, lo verde y lo inteligente deja de ser teoría para convertirse en hoja de ruta. Y el Observatorio de la Transición Justa añade una capa clave: escuchar a la sociedad, entender percepciones, detectar miedos y resistencias. Porque sin ese pulso social, ninguna política climática es viable.
Un cierre que es, en realidad, un comienzo
Así este balance de 2025 de Fundación Moeve deja una idea clara: cuando se trabaja juntos, el impacto se multiplica.
Y aunque no todo ha sido perfecto, ni fácil, ni rápido, como nos recuerdan,... ha sido real. Y eso, en un contexto de incertidumbre y retrocesos ambientales que se estan produciendo en otros ámbitos, no es poco y muestra la voluntada de cambio y el camino de transición emprendido.
El año que viene traerá nuevos retos. Más complejos, seguramente. Pero también nuevas oportunidades para seguir sumando, aprendiendo y corrigiendo. Porque la verdadera transformación no ocurre de golpe. Ocurre cuando muchas personas deciden, día tras día, que merece la pena intentarlo y en la Fundación se esta intentando.



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